Microcuento: El joyero y la caja de los deseos

En unas tierras lejanas, al alcance de cualquiera que se dispusiera a viajar más allá de sus fronteras habituales, vivía un anciano reconocido por crear las mejores joyas, las más bonitas y las más valiosas.

Un día, el anciano envió un mensaje a los habitantes de todos los reinos. Había preparado una pequeña caja con todo su amor puro, un recipiente metálico en el que podían engarzarse diferentes joyas que él mismo había creado, y repartió las joyas por los distintos reinos. El anciano declaró que aquella persona que lograse reunir las joyas y engarzarlas en el recipiente metálico podría pedir cualquier deseo para ser cumplido y realizado.

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En los siete reinos, la noticia causó una gran expectación en parte de la población y la indiferencia en otra parte de la población. Algunos tomaron la idea por loca y disparatada. Otros sintieron curiosidad por conocer más y algunos de éstos emprendieron la búsqueda de las joyas y la caja.

Los aventureros y aventureras que decidieron salir de sus hogares para hacer sus deseos realidad, pronto se percataron que había diferentes tipos de joyas, pero que había joyas repetidas del mismo tipo. Éstas eran joyas distintas e idénticas al mismo tiempo, como si fueran el propio reflejo ante la luz de un espejo. Sin embargo, todos sabían que en la caja que el joyero preparó solamente había hueco para 7 joyas y éstas debían ser diferentes.

Ante esta situación, los emprendedores percibieron la necesidad de formar grupos en los que reunieran las distintas joyas para agruparlas en este recipiente y pedir los deseos de manera conjunta. Así mismo, pronto se formaron distintos grupos que se sentían presionados por reunir las joyas en primer lugar antes que el resto de grupos participantes. En esos momentos, la aventura parecía haberse convertido en una competición. La recompensa, sin duda, los motivaba a esforzarse por conseguirla.

Cuando los aventureros y aventureras dejaron atrás sus hogares, milagrosamente, se sorprendieron gratamente de encontrarse en posesión de alguna de estas joyas en su poder. De esta manera, en poco tiempo, diferentes grupos reunieron las joyas necesarias y se apresuraron por llegar al taller del joyero anciano, que se encontraba en lo más alto de las montañas más altas de los 7 reinos, porque el anciano tan sólo ofrecía sus valiosas joyas a quien tuviera la firme voluntad de conseguirlas. ¡Y cuánta voluntad era necesaria para subir tan grandes montañas! Desde allí, en lo más alto, se descubría a la Tierra como un paraíso de armonía y belleza natural.

Varios grupos alcanzaron el taller del anciano simultáneamente. Cuando llegaron, un niño inocente, adoptado por el anciano se encontraba en posesión de la caja que su padre adoptivo había hecho con todo su amor. El joven no tenía permitido participar en este evento de carácter mundial porque él ya tenía en posesión todas y cada unas de las valiosas joyas que su padre amorosamente le regaló. El joven vestía de un blanco inmaculado que combinaba con aquellas joyas radiantes formando un mosaico con los colores más bellos que existen en el mundo. Zafiro, citrino, espinela, diamante, rubí, esmeralda y amatista combinaban a la perfección con su rostro angelical.

Desconcertados por encontrarse en esa situación y viendo peligrar que sus deseos se hicieran realidad, algunos se abalanzaron como feroces fieras sobre el chiquillo para conseguir por la fuerza, y mediante la violencia si fuera necesario, el control de la caja. El joven quedó aturdido y los grupos pelearon por la caja hasta que finalmente ésta se rompió.

Fue entonces cuando el anciano, que había estado observando desde lo alto en la rama de un árbol, apareció saltando con un movimiento artístico y, después de tomar lugar ante la sorpresa de todos ellos, les habló con un tono reconciliador.

– Hijos míos, habéis recorrido largos caminos para llegar hasta aquí. Habéis sido movidos por la emoción de la alegría que os nació del corazón sabiendo que vuestros deseos podíais realizar. Habéis mostrado una voluntad inquebrantable por realizar vuestros deseos más nobles. Todos vosotros habéis realizado un gran esfuerzo para encontraros aquí y ahora, sin embargo habéis olvidado que el propósito de cada uno de los que estáis presentes conmigo ahora es el mismo que el vuestro. En el corazón de todo hombre y toda mujer, el deseo puro que podéis encontrar es el mismo que el que se haya en vuestro corazón. Lo valioso que nace del corazón es igual para cada uno de nosotros, como si en realidad fueran reflejos de la misma cosa ante la luz de un espejo. Os he dado cuanto habéis necesitado para llegar hasta aquí, y es gracias a vuestra decisión que lo habéis conseguido.

De la misma manera que habéis unido vuestros esfuerzos formando grupos para satisfacer la necesidad que ya no existe, pues fue satisfecha cuando os reunisteis con gratitud; habéis percibido erróneamente miedo ante otros grupos que en esencia son iguales a vosotros mismos. Y ese miedo de rivalidad os ha cegado impidiendo realizar vuestros deseos que en esencia, en el fondo de vuestros corazones, son iguales.

Yo puse mi amor en la realización de esta caja que ahora está rota, no obstante no es la caja sino su esencia y lo que puede contener lo que tiene el poder real para cumplir vuestros deseos más nobles. Así mismo, como las joyas, sus valores y virtudes pueden activar el poder de este recipiente cuando están reunidas, sólo cuando está presente la misma esencia del amor puro que la creó, acontece el milagro que, ante nuestros ojos crédulos, realiza los más nobles deseos del corazón humano. Y os digo que cuando esta presencia del amor puro está presente, el espacio para incluir las joyas, incluso más pobres, se hace infinito.

Fin.

Autor: Rubén Zayas Debecker
Fecha: 30 de agosto de 2015
Escrito en divina gracia e inspiración.

Anexo 1:
Este cuento es una adaptación de un sueño real que tuve una noche en la que antes de dormir, formulé verbalmente mi deseo de aprender algo valioso durante el sueño y que al despertar lo  pudiera recordar.

El joyero, una figura sagrada, me puso en varias situaciones en las que por medio de mi propia ceguera y de mi propio error, pude obtener el aprendizaje de que en realidad no es necesaria una caja mágica porque nosotros como seres humanos ya estamos perfectamente dotados para realizar nuestra voluntad. Y es en nuestro corazón cuando irradia amor donde podemos encontrar el propósito que nos hace Uno solo a los seres humanos. Es en el corazón donde encontramos el motivo, el objetivo y la dirección para unificarnos todos los seres humanos, toda la Humanidad. Este objetivo es compartir el bienestar, la riqueza, la felicidad, los dones y virtudes que por nacimiento y condición hemos recibido. Quizá algunos no hayamos desarrollado al mismo nivel las mismas virtudes, sin embargo todos y cada uno de nosotros tenemos algo especial que podemos compartir con nuestros seres queridos (y cuando escuchamos a nuestro corazón vemos con claridad que todos los seres humanos y la Humanidad son nuestros seres queridos). Esa virtud que nos hace únicos, esa creatividad, esa gracia para realizar la hemos recibido en abundancia para disfrutar nosotros con ella e incluso hacer disfrutar a los demás. Cuando despertamos nuestra consciencia al nivel del espíritu, y vemos que las cosas son sagradas por la simple razón de ser, nos damos cuenta que no existe la necesidad, pues cada uno de nosotros somos como un reflejo de nosotros mismos en los que podemos encontrar defectos que corregir nosotros mismos para madurar, y además podemos encontrar las virtudes que percibíamos que nos faltaba. En el paraíso la escasez no existe porque reina Una sola familia que comparte su riqueza. En el paraíso la abundancia existe porque reina la Humanidad sobre la Tierra.

Anexo 2:
La caja representa el propósito, y su esencia es Amor puro.
Las diferentes joyas representan distintas virtudes de ser humano:
Fe y confianza en la Voluntad sagrada (de volver a unir a la Humanidad), fuerza y energías para conseguirlo mediante el trabajo individual, inteligencia para actuar con sabiduría, prestar atención al corazón para actuar en armonía con la esencia del Amor, pureza e inocencia en los actos, capacidad de comprensión del mundo y de la Verdad, capacidad para corregir los errores propios y para ayudar a los demás, paz y tranquilidad interior, capacidad para atraer la abundancia, gracia en el perdón y capacidad para transformar lo negativo en positivo entre otras tantas virtudes que tenemos por el mero hecho de ser humanos.
Mi agradecimiento más sincero al joyero, a las joyas y a la enseñanza que en todo ello mora.

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