If we can put a man on the Moon…

Lo importante no es el tiempo ni el espacio, sino la vida que acontece en ellos. Si el hombre puede poner un hombre en la luna, qué no puede hacer el hombre por el hombre…

hombreluna


Durante la guerra fría y la carrera espacial se consiguieron grandes avances gracias al desarrollo armamentístico. Los grandes imperios estadounidense y soviético se debatían en una carrera tecnológica por superar al otro imperio con el avance de los sistemas de transportes que se habían estado utilizando para transportar bombas atómicas o de hidrógeno. En 1969, la agencia espacial estadounidense llevó un hombre a la luna y lo trajo de vuelta. Para lograrlo,  invirtió cantidades astronómicas de dinero en la agencia espacial y, además, hizo falta la cooperación de una gran comunidad científica dedicada a investigar los “asuntos de Estado”.

Si el hombre pudo poner al hombre en la Luna, con todos los recursos materiales, económicos y con todo el esfuerzo humano que supuso… ¿qué no puede hacer el hombre por el hombre?

Los asuntos de Estado están bajo responsabilidad de los gobiernos que, desgraciadamente, han heredado la cultura inhumana de los antiguos imperios que se debatieron hasta la muerte con sangre fría para alcanzar y mantener la hegemonía del mundo entero. Sin embargo, cuando vieron el enorme potencial fatídico de las armas de destrucción masivas (tanto nucleares como biológicas y químicas), ambos imperios se encontraron simultáneamente entre la espada y la pared, porque gracias a las estaciones lanzaderas de misiles ubicadas a lo largo y ancho del globo terrestre, y gracias a los avances tecnológicos, se dispuso de la capacidad para aniquilar totalmente ambos imperios y al resto del mundo (capacidad que se ha incrementado y sigue existiendo actualmente). Por eso, tras la crisis de los misiles de Cuba en octubre de 1962 ambos imperios pactaron una tregua armada para mantener el STATUS QUO (yo soy muy fuerte, no me jodas; tú eres muy fuerte y no te jodo… ¡pero te odio!). Entonces redirigieron su enfrentamiento a un campo de batalla mucho más sutil: el terreno económico. Es entonces cuando entramos  de lleno en la globalización del consumismo descerebrado (que permite la acumulación masiva de recursos… para lo que sea que haga falta, cuando quiera que sea necesario).

Los gobiernos continúan utilizando tecnología para el espionaje, ya sea de otras potencias o de los propios civiles de su Estado. Actualmente los satélites espaciales permiten una imagen viva (en tiempo real) y de alta definición a una distancia de 40cm de altura de la superficie terrestre, por lo que si quisiéramos ver con su misma definición deberíamos agacharnos por debajo de esta altura del suelo; y eso que los satélites están a más de 15.000 km de altura sobre el nivel del mar. Sin embargo, estos recursos y esta información es de acceso restringido o limitado porque se pretende garantizar que el Estado posea más poder y más control que los otros Estados, potencias o que la propia población civil. Es el caso actual de España en el que se ha restringido el uso de drones a la población civil ya sea para uso lúdico, profesional o comercial, de tal manera que se limita su uso (bajo multas) y por tanto se limita el desarrollo benéfico que se pueda generar de su libre y responsable  utilización. (Ojalá lo normalicen pronto.)

El problema de hoy es que los gobiernos, herederos de los antiguos imperios, siguen la lucha absurda y nefasta de sus antepasados. Aún en la era de la información parece que los gobiernos creen que la hegemonía mundial será para aquel Estado que posea más información y tecnología exclusiva, es decir aquella a la que no puedan acceder los demás. (Mi opinión es por supuesto diferente.)

Hoy en día los gobiernos disponen de la tecnología más avanzada, tienen suficiente dinero como para enviar y traer de vuelta hombres a la Luna y cuentan con una sociedad capaz de superar cualquier reto. Los gobiernos disponen de todos estos recursos, de toda esta información, y de mucho más, pero no tienen ni pajolera idea de qué hacer con todos esos recursos porque los que dirigen los asuntos de Estado se han viciado por el dinero (cuyos sueldos en muchos  casos se autoasignan, además de las bonificaciones, legales o no, que reciban de sus servicios a otras entidades) y por tanto se han acomodado en el consumismo de lujo (que es descerebrado), dejando de lado los verdaderos deberes y las responsabilidades del Estado, sumiéndose en la ignorancia.

Los dirigentes viven en una burbuja de lujo y de arrogancia infalible. (Nach – Manifiesto)

Unidos, los hombres puros derrocaremos cualquier gobierno ilegítimo y malvado

Yo vengo de un lugar donde decían que triunfar era imposible. (Nach – Manifiesto)

Ellos tienen toda esta información y más, pero aún no se han dado cuenta que los problemas que el Estado tiene que afrontar y resolver no son los de asegurar su posición jerárquica respecto al resto del mundo en una lucha de hombres contra hombres, sino resolver primeramente los problemas que afectan y preocupan a todo hombre y a toda mujer por igualdad, que son sencillamente: mantener el bienestar y permitir disfrutar de los placeres de la vida.

Un gobierno dirigido por personas adormecidas en la comodidad del consumismo de lujo que no atiende con el tiempo y los recursos de los que dispone a resolver los problemas universales del hombre es ilegítimo. Las pruebas son evidentes: disponen de dinero, tecnología y personas altamente cualificadas, pero no hacen nada por resolver los problemas del hombre como el hambre, la pobreza, la enfermedad, la desigualdad de riqueza, las drogas, la violencia internacional, la delincuencia, los trastornos sociales, el cambio climático, la carencia del agua, la deforestación, la contaminación, la esclavitud, la explotación animal, la extinción de especies y la corrupción.

Ya es suficiente.

Ahora, es nuestra responsabilidad hacer uso de nuestra fuerza, no como civiles, sino como ciudadanos de un lugar llamado mundo, y demostrar que unidos podemos derrocar cualquier gobierno ilegítimo. Ha llegado la hora de que juntos expresemos nuestra voluntad, porque como hombres y mujeres reunidos en sociedad exigimos que el Estado resuelva nuestros problemas y exigimos también que coopere para resolver los problemas que la Humanidad desbocada ha causado por tanto tiempo. Nuestro voto es conseguir el bienestar propio, aunque también el bienestar ajeno. Nuestro voto es que podamos gozar los placeres que la vida nos ofrece, en paz y tranquilidad. Y si para conseguir nuestra voluntad, hombres y mujeres tenemos que trabajar, trabajaremos expresando nuestro voto para reunirnos bajo una sola bandera, una sola causa y una misma voluntad, un mismo voto. La voluntad de que el Estado aproveche sus recursos para aportar soluciones a los problemas y transformar la realidad en una que sea mejor.

Porque si el hombre ha podido poner un hombre en la luna, ¿qué no puede hacer el hombre por el hombre?

Cuando los hombres recuperemos nuestros principios, el sentido de la justicia y del honor… Trabajaremos unidos en construir un mundo mejor.

¡Conmuévete y conmueve al Universo!

[¡Recuerda compartir la información pertinente! NAMASTÉ]

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2 Replies to “If we can put a man on the Moon…”

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