Darle crédito a la juventud

El conocimiento que aporta la experiencia de la vejez es útil, pero de nada sirve si el egoísmo impide aprovechar la energía que la juventud goza.

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Desde el año 1.800 hasta la actualidad (primeros años del siglo XXI), la población mundial creció de 1 a más de 7 millones de personas.

Gracias a los avances científicos la longevidad de las personas que disponen de los suficientes recursos se ha prolongado. Anteriormente la esperanza de vida no llegaba a los 40 años y actualmente la esperanza de vida puede sobrepasar los 80 años. En 200 años hemos estirado el tiempo de vida al doble. Aún así, vivir más no implica necesariamente vivir mejor, especialmente si tenemos en cuenta el desgaste que se origina en nosotros durante el paso del tiempo.

En España, tras la guerra civil, se produjo el fenómeno del “babyboom” aumentando la población total debido a los nacimientos. Con el paso del tiempo la generación del babyboom supone una parte importante de la población total española, especialmente si restamos la gran cantidad de jóvenes (muchos cualificados) que han emigrado al extranjero en busca de mejores oportunidades. Por eso, la población en España se queda un tanto más envejecida a nivel general.

Como las generaciones joven emigran y las personas de edad más avanzada dejan paso a las generaciones sucesivas, la generación del ‘babyboom’ tiene un gran peso en la sociedad española.

El conocimiento que aporta la experiencia de esta generación es útil, pero poco sirve si no se combina para aprovechar la energía y el brío del que la juventud goza, así como de sus ideas oxigenadas.

En las escuelas y fuera de ellas se ven personas brillantes motivadas por su propio interés y voluntad. Se oye hablar de Fulanito de tal que consiguió realizar tal proyecto o de Menganito de tal, que decidió aventurarse a emprender y consiguió resultados fantásticos. La brillantez y la excelencia forman parte de nosotros tanto en los jóvenes como en los grupos más avanzados, tanto en las mujeres como en los hombres.

Pero entonces, ¿Por qué no se ven jóvenes brillantes en el plano político, por qué se infravalora el potencial de un hombre joven y maduro? En la política parece que se deposita la confianza en los hombres una vez que hayan pasado su flor de la vida.

Parece que la sociedad sufre de gerontocracia, es decir, un gobierno de ancianos que desconfía e infravalora el potencial de las juventudes. Se podría pensar que muchos políticos no son tan viejos, pero recordad que pocos siglos atrás la esperanza de vida se calculaba a la mitad y por aquel entonces los ancianos eran los que eran.

En tiempos de crisis,  frágiles y también de necesidad, el pueblo debería ayudarse de la energía y la pasión que los jóvenes ofrecen para solucionar los problemas a los que se enfrenta la sociedad.

Si la sociedad otorga poder y confianza a las generaciones jóvenes, y se les aconseja con la sabiduría, la sociedad encontrará dentro de sí misma la revolución que necesita para sobrepasar cualquier dificultad.

Los jóvenes unidos con nuestras familias luchamos podemos y queremos mejorar la forma de vivir en este mundo.

Por eso, pido atención, respeto y reconocimiento para los jóvenes, porque si los que tienen su propio futuro por decidir no son los que cambian el mundo, no lo harán aquellos que ya cuentan los años para retirarse a cobrar la jubilación.

[¡Recuerda compartir la información pertinente! NAMASTÉ]

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